Resacón post-fiesta democrática.

No me entusiasma especialmente hablar de política. Primero, porque es un tema que me aburre bastante, la verdad, y más si es a nivel nacional. ¿No se os está haciendo interminable la resaca de la fiesta de la democracia? Segundo, porque creo que saca lo peor de cada uno y consigue que una tranquila conversación con amigos se convierta en discusión. Todavía no hemos aprendido a respetar lo que piensa el otro, y es un lastre que arrastramos desde tiempos inmemoriales. Y tercero, porque, como en muchos otros asuntos, considero que estoy bastante limitada. Tengo unos ideales que defiendo, como todo el mundo, y unas convicciones que pongo en práctica siempre que tengo ocasión, pero poco más. Argumentos que expongo llegado el caso, comentarios que no tolero y una galopante vergüenza ajena con la que carga mi espíritu crítico, pero estoy a años luz de considerar que saldré moral e intelectualmente ilesa si me meto en ciertos berenjenales.

bañoEso no quita que no disfrute ejerciendo mi derecho al voto. Lo hago, y mucho. Hoy, precisamente, se cumplen 128 años del nacimiento de Clara Campoamor. Ella y otras tantas lucharon tanto, tanto porque jovencitas como yo pudieran votar en tiempos de la República, que hoy no puedo más que ir radiante a depositar mi papeleta cuando toca. Me siento obligada como ciudadana. Y como mujer. Como no escondo a quién voto -aunque quisiera, se me ve venir-, mucha gente me ha soltado tras las últimas elecciones generales eso de: «¿Y no crees que has tirado a la basura tu voto?». ¿Por qué? ¿Por no habérselo dado a quienes iban más encarrilados en las encuestas? ¿Por no haber contribuido con mi voto a seguir dando alas al bipartidismo? Lo habría tirado a la basura si no hubiera ido a votar, o si hubiera votado a alguien en quien no creo. A alguien por quien no me siento representada. A alguien cuyos planteamientos no comparto, ni compartiré jamás. ¿Debí venderme por el cambio? Quizá, yo qué sé. Estoy un poco hartica de la cantinela del ‘voto útil’. ¿Útil para quién, exactamente?

Ayer me encontré el panorama de la foto cuando fui al baño en un bar de mi ciudad. Me hizo sonreír, la verdad. Pensé en todos los que me han preguntado si no siento que desperdicié mi voto. Sonreí otra vez, porque recordé que, aunque mi voto no ha cambiado nada (visto el panorama, ¿lo ha hecho el de alguien?), fui fiel a mí misma. Y tengo la conciencia tranquila por ello. Creo que es la mejor respuesta que puedo darles. Me pregunto si se sienten igual…

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