Sobre aviones perdidos.

Una vez perdí un avión. Y no, no fue culpa mía y de la impuntualidad que me caracteriza y de la que, lo prometo, intento librarme cada día. La culpa fue de Trenitalia. Mientras miraba el reloj y era consciente de que iba a despegar sin mí, lloraba a moco tendido. Hoy recuerdo aquella estampa desoladora, me veo a mí misma corriendo por aeropuertos y estaciones de trenes, con dos maletas rojas repletas de regalos -volvía, como el turrón, a casa por Navidad- a cuestas, dos maletas que pesaban como dos demonios, y me río. A menudo, momentos que vivimos como auténticos dramas, como si se fuera a acabar el mundo al minuto siguiente, se convierten en comedia tiempo después. Qué pocas buenas historias tendríamos para compartir con los demás si todo saliera según nuestros planes. La vida, casi siempre, es más bonita y mucho más divertida cuando no te la esperas. Me gusta contar la historia de cuando perdí un avión, porque todo el mundo pierde trenes o pierde el autobús, pero somos muchos menos los que hemos perdido un avión.

116dc05a

Maya Angelou -que le ruego desde ya que me perdone, pero no tengo ni la más remota idea de quién es, fiché la frase que viene a continuación en algún recóndito lugar de Internet- escribió: «He aprendido que puedes saber mucho de una persona por la manera en que se enfrenta a estas tres cosas: los días de lluvia, los equipajes perdidos y las luces del árbol de Navidad enredadas». Lo del avión también me vale. Creo que lo que más gracia me hace al recordar esa odisea es lo fatal que reaccioné

Los años me han dado perspectiva y templanza. Si me pasara hoy, lo afrontaría de una manera muy diferente. Lo tomaría como una señal divina de que, allá dónde esté, debo quedarme un ratito más. Aparcaría la maleta (que ahora es de flores) y la mochila de cuero que viajó conmigo una vez a La Habana y ya no ha dejado de acompañarme, y disfrutaría de la aventura. No lloraría. Entendería que lo importante siempre es llegar, aunque sea a la mañana siguiente. Y, mientras tanto, ver qué pasa. A veces perder un avión no es malo. Al poco llega otro, y a lo mejor es más grande y puedes estirar bien las piernas, y te dan almohada por si quieres echar una cabezadita (¡viva Lufthansa!). Perder sienta tan bien de vez en cuando… A veces, simplemente, ese no es el avión que te toca coger. Ya sabéis lo que quiero decir 😉

Anuncios

¿Qué opinas?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s