La trenza del talento.

Que la culpa es de la tierra, y de ese genio -y genialidad- que le sale por cada poro de su cuerpo menudo en apariencia, inagotable en su esencia. Y de todo lo que dice con cada guiño que le hace a la vida y a quien tiene enfrente. Y con unas manos y unos dedos que van dejando estela. Y con una sonrisa que, siempre, le llena la cara entera. El torbellino Inma Cuesta (Valencia, 1980) arrasa allá por donde pasa. Protagoniza ‘La novia’, la adaptación de ‘Bodas de sangre’, una de las grandes tragedias del inmortal Lorca, que firma la cineasta aragonesa Paula Ortiz. Una novia que el viernes se vistió de blanco para hacer su entrada en los cines españoles. Se hizo en el pelo una trenza -que se ha vuelto ya signo distintivo de quien le da la voz y el alma-, se amarró a los brazos de dos hombres que son sus dos amores (magistralmente interpretados por Asier Etxeandía y Álex García) y echó a volar. Ahora viene una parte del proceso de la que quiere disfrutar «cuanto sea posible»: compartir la cinta con el público. 

Inma Cuesta en 'La novia'

Se le ilumina la tez morena hablando de ‘La novia’, un largometraje que ha supuesto para ella un «viaje catártico». «Tuve que deambular por recuerdos personales. Abrí cajoncitos y encontré muchas cositas que no estaban bien, que no habían sanado», afirma. Asegura haberse entregado «al 500%» en el proyecto, haberse «dejado el alma», y queda patente desde el principio hasta el final de la película, en la que resplandece. Ha llevado al séptimo arte a uno de los personajes emblemáticos de la obra del autor granadino, que siempre ha estado muy presente en su vida. «Se me desbocó el corazón cuando Paula me llamó para proponerme este papel, porque Lorca está muy cerca de mí, memorizaba textos suyos cuando era pequeña y quería ser actriz, así que siento que ahora se ha cerrado un círculo», comenta. 

La actriz, criada en un Jaén que se escapa a borbotones por su acento, regresa, así, al drama, género en el que, para muchos, es donde su talento más brilla. Ella, ni respalda la premisa ni se muestra en contra: «De lo que se trata es de los personajes, porque un intérprete lo que hace es cirugía de las emociones». «No me siento más cómoda en un género que en otro, la comodidad no ha venido aún», explica. «En el momento en que me acomode, será que ya no tendré nada que aprender. Entonces, me retiraré», sentencia. 

Inma Cuesta como Ruth en 'Tres bodas de más'

En los próximos meses pasará de nuevo por la gran pantalla con dos títulos: ‘Julieta’, de Pedro Almodóvar, y ‘Kóblic’, bajo la batuta del realizador argentino Sebastián Borensztein. Ambos trabajos han supuesto para ella nuevos pasos. El primero, por «entrar a formar parte de la cinematografía de un director que pasará a la historia del cine». El segundo, porque ha sido su primer rodaje fuera de España, en Argentina, con Ricardo Darín regalándole la réplica. «Esta película ha sido muy transformadora para mí por estar lejos de todo», señala. «Allí no era nadie y fue muy bonito, sentí que acababa de llegar y que aún me queda mucho por hacer y aprender», añade. 

Reconoce haber tenido mucha suerte, pero también haber dado todo de sí misma. «Yo no he llegado aquí por casualidad. La constancia y el esfuerzo han sido las claves», comenta. La seguridad que desprende en todo lo que hace y todo lo que es, resultaría quizá soberbia en otras bocas. En la suya, suena a recompensa ganada a pulso, fruto de una carrera en la que ha sabido conjugar a la perfección sus apariciones en cine, teatro y televisión, cosechando éxitos por doquier. 

En cuanto al futuro, todo apunta a que pasará por cambiar de bando y situarse tras la cámara. «Antes escribía mucho y ahora lo he retomado, me gustaría ponerme al otro lado, porque cuando actúas, al final estás contando una historia que ha escrito otro», comenta. Y para encontrar esas historias propias y recuperar las ya atesoradas, a corto plazo sólo planea «vivir para contarlo». «Ahora mismo, necesito parar un poco, descansar», dice, y al rato implora por que alguien la llame para una comedia musical. Inma Cuesta no puede parar, es una mente inquieta, una mujer orquesta destinada a existir en permanente movimiento. Quedan garra, arte y trenza para rato

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Este perfil de Inma Cuesta fue mi práctica en el taller ‘Cómo escribir de cine’ de la Escuela de Periodismo de El País, en que he participado durante este fin de semana. Gregorio Belinchón, redactor de cine del periódico, fue el encargado de impartir el curso. Pudimos ver ‘La novia’ y charlar durante un par de horas con la actriz. Una experiencia de lo más enriquecedora y muy recomendable. 

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