¡Que estaba de parranda…!

Hace algo más de tres meses que no me pasaba por aquí. Parece poco tiempo,en realidad. Sin embargo, me han pasado infinidad de cosas. Por ejemplo, me han detectado alergia a las gramíneas. Y al níquel. Para los que no lo sepáis, el níquel está en todas partes. En las monedas, en una simple cremallera. ¡Yuhu! Era más feliz cuando no lo sabía. A partir de ahora, si me queréis regalar joyas, que sean buenas. También he visto dos obras de teatro que me han marcado, ambas dirigidas por Sergio Peris-Mencheta: ‘Continuidad de los parques’, con un Luis Zahera en estado de gracia (me pirran su voz y su acento, no lo puedo evitar); y ‘Un trozo invisible de este mundo’, en la que Juan Diego Botto se marca cinco monólogos para el recuerdo (escritos por él mismo, by the way). Salir del teatro con el corazón tocado es maravilloso, me ocurrió en sendas ocasiones.

Las artes escénicas han sido protagonistas de estos tres meses de mi vida también por otra razón. Entre el 27 y el 31 de mayo se ha celebrado la décimo sexta edición del Festival Internacional de Teatro y Artes de Calle de Valladolid. Mi querido TAC. Apenas llevaba dos meses como becaria en mi empresa cuando me tocó ocuparme por primera vez de este festival prácticamente en solitario. Estaba, literalmente, acojonada. Sobreviví. Me enamoré irremediablemente. Este ha sido mi tercer TAC como responsable de comunicación -me sigue dando vértigo- y, sin duda, el más especial de todos. Lloré cuando se acabó. Me he guardado para mí infinidad de risas, nuevas caras amigas, una gran satisfacción por el trabajo realizado, un puñado de montajes que me han conquistado y un beso de Marc Pujol, miembro de Obskené, que nos dejaron disfrutar como enanos a mí y a cientos de pucelanos de esa genialidad que es ‘Fuenteovejuna. Breve tratado sobre las ovejas domésticas’.

Obskené - 'Fuenteovejuna. Breve tratado sobre las ovejas domésticas'

Obskené en el TAC 2015 con ‘Fuenteovejuna. Breve tratado sobre las ovejas domésticas’ (por Gerardo Sanz, fotógrafo oficial del festival)

No lloré, si soy sincera, cuando acabó otro encuentro que ha ocupado muchos de mis días desde la última vez que me dejé caer por aquí. Esta vez, una cita literaria, la 48 Feria del Libro de Valladolid, que me brindó la oportunidad de conocer a Julio Llamazares, JJ Armas Marcelo y Carlos Hernández de Miguel, entre otros, y de la que me llevé muchas nuevas letras para leer. No lloré por la sencilla razón de que no estaba aquí para verla concluir. Unos días antes de que terminara, me monté en un avión con cinco amigos rumbo a Turín, la ciudad en la que gastamos nueve meses de nuestras vidas hace ya unos cuantos años. Ay, la vida Erasmus, la vida mejor.

Fue extraño volver a aquella ciudad y comprobar que todo seguía tan igual y, a la vez, que todo era tan distinto. Bueno, quizá sólo éramos nosotros los diferentes, nuestras circunstancias, la mochila que llevábamos a la espalda esta vez paseando bajo los soportales de Via Po. Vimos la Sábana Santa, que sólo se muestra una vez cada diez años, vivimos el 1 de mayo a la italiana, compartimos con los turineses que la Juve ganaba la liga y descubrimos el cóctel definitivo, hecho a base de ron blanco, vodka, ginebra y licor de melón, que nos proporcionó una noche al más puro estilo Erasmus de la mano de un dj salido de vete a saber dónde que nos hizo bailar como locos. Cuatro días en Turín con esos cinco dan para mucho.

Turín

Mi viaje a tierras italianas me recuerda que ya tengo otro viaje entre manos. ¿El destino? ¡Marrakech! Será en septiembre. Quedan aún más de tres meses. Uff. Ah, y se me ha casado una prima y su boda derivó en la compra del abono para el Sonorama. Otro planazo para el verano. He visto a Serrat y a Sabina en concierto, también a La M.O.D.A., Marlango y Maika Makovski; me he leído, por fin, ‘El mundo’, de Juan José Millán (lectura obligada); he terminado mi primera manta hecha a ganchillo; mi sobrina ya dice mi nombre; he descubierto que sólo era cuestión de tiempo y de mucho comerlo que me gustara el guacamole; he vivido la rueda de prensa más divertida de mi vida gracias a Emilio Martínez-Lázaro (durante la 28 Semana de Cine de Medina, que me brindó también la oportunidad de conocer a Bárbara Lennie y Javier Gutiérrez); he superado nuevos retos… y he cumplido 27 años.

 

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