La larga gala de nuestro cine.

Reconozco que hasta no hace mucho no era precisamente una defensora del cine español, pero una generación de directores y, sobre todo, de intérpretes entregados han conseguido reconciliarme con el séptimo arte patrio. Por eso ME ENCANTA disfrutar de la gala de entrega de los Premios Goya. Por eso y porque siempre hay un hueco para la reivindicación, para clamar por la Cultura, para declarar el amor por el cine -pese a todo y pese a algunos-. Por eso y porque compartirla con mis amigas vía Whatsapp, estemos donde estemos, es siempre sinónimo de risas, para qué os voy a engañar.

Ayer sábado, 7 de febrero, tuvo lugar la vigésimo novena edición de los premios y no falté a la cita, aunque sabía que iba a ser larga y, por momentos, más que aburrida. Tenía una favorita, como todos, y esa era ‘La isla mínima’, el peliculón que se ha marcado Albert Rodríguez. Hacía mucho que no disfrutaba tanto en una sala de cine como con esa cinta, que me tuvo abrazada al asiento de delante los últimos cuarenta minutos, tensionada por la trama, emocionada por esos dos monstruos de la pantalla que son Javier Gutiérrez y Raúl Arévalo y encandilada por sus planos. Así que comprenderéis que esté más que feliz por esos 10 galardones con los que el filme cerró una noche que será recordada también por el triunfo de la comedia: tres de los cuatro protagonistas de ‘Ocho apellidos vascos’ -está bien recordar de vez en cuando que es la película más taquillera de nuestro cine- se alzaron con los premios a los que estaban nominados.

El primero en subir a recogerlo fue Karra Elejalde como Mejor Actor de Reparto; me alegré por él, pues creo que es un actorazo y que hizo un papel más que meritorio, pero mi favorito era Antonio de la Torre -SIEMPRE es mi favorito-, una gran pena que también este año se haya ido de vacío. Después llegó el turno de , Carmen Machi, que se llevó el premio femenino en la misma categoría. Me pasa un poco como con Elejalde, en la película lo borda, pero no sé si tanto como para el Goya. Y, por último, el maestro de ceremonias, Dani Rovira -salvó la noche, estuvo aceptable-, recogió el cabezón al Mejor Actor Revelación, previo besazo de su chica, Clara Lago, la única del elenco de la cinta que no estaba nominada. A ella le dedicó el premio, por supuesto, y yo quise ser ella por un rato, ¡fue tan bonito!

La verdad es que en una gala en la que siempre falla el guión -sobre todo por esos números musicales que dan vergüenza ajena y algunos chistes forzados que hacen poquita o ninguna gracia-, los agradecimientos por parte de los premiados son siempre lo mejor. De anoche, me quedo con el de un emocionado Elejalde; con el de Machi, que se lo dedicó a la gran Amparo Baró; con el de Javier Gutiérrez, claro, que se acordó de Arévalo, su compañero de película y su rival en prácticamente todos los premios; con el de Nerea Barros, que no se lo creía, y se acordó de su amiga Nora, que siempre le decía que ganaría un Goya, y destacó que por fin el cine español ha roto la barrera que lo separaba de su público; y, por supuesto, con el de Antonio Banderas al recoger el Goya de Honor. No es precisamente santo de mi devoción -más bien todo lo contrario-, pero se marcó un discurso épico.

Javier Gutiérrez

Destacaría muchas cosas que no me gustaron de la gala -¿para empezar, qué se había fumado el realizador?-, pero voy a señalar sólo una: la actuación de Miguel Poveda. Si el pobre Miguel Hernández hubiera escuchado ese destrozo que le hizo a ‘Para la libertad’… Seguro que a Serrat también le provocó una úlcera. Bah, voy a decir otra cosa más, no me la puedo callar: el excesivo protagonismo de Penélope Cruz, el pretendido y el otorgado. Sinceramente, como actriz me parece que tiene mucho que mejorar, así que entiendo que simplemente se le ha otorgado el título de estrella independientemente de cómo lo haga. Se podía haber elegido a cualquier otra, pero se la eligió a ella. Es como Banderas pero en femenino. Llegó cuando había que llegar… y ya nadie la apea de ahí.

Sin embargo, creo que en este país tenemos intérpretes femeninas mucho más valiosas y con muchísimo más talento a las que se deja en segundo plano -o en un tercero, un cuarto, un quinto… o se vuelven casi invisible-. Inma Cuesta es una de ellas -para mí, la gran olvidada de estos premios-. Por mencionar a alguna más, tenemos a Marián Álvarez, Candela Peña, María León, Ariadna Gil, Marta Etura o la propia Bárbara Lennie, que se llevó el premio a Mejor Actriz Protagonista. Más nos valdría apostar un poco por ellas… Y seguir por el camino que se está marcando, parece que lleva a buen puerto. ¡Y que viva el cine! 

¡Ah! En estos casos es casi obligado hablar de mis ‘favoritas de la alfombra roja’. Era rosa, en realidad. Pues me quedo con Inma Cuesta, Cayetana Guillén Cuervo, Andrea Duró y Juana Acosta. Esta última, por cierto, ¿por qué dejó salir de casa a su señor, Mr. Alterio, con ese pelo? ¿Eh, por qué? Por otro lado, habría que desterrar del planeta el bolso de Macarena Gómez y el vestido de María León, pero esa ya es otra historia. 

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