Reunión de antiguos alumnos.

De esto que hace un par de semanas entro en Facebook y me encuentro con una invitación para unirme a un grupo con el que un antiguo compañero de colegio buscaba juntar, aunque fuera virtualmente, a los adultos en que se han convertido los niños con los que una vez compartió pupitre, un balón de fútbol amarillo y los ‘Doña Mila, por favor, ¿puedo coger el lápiz?’ que repetíamos en 1º y 2º de Primaria como auténticos loros. Doña Mila llevaba siempre unos anillos muy grandes y nos guardaba en una caja de galletas de hojalata gomas de borrar (de las cuadradas de Milán, el resto no valían) con nuestros nombres escritos con bolígrafo azul, gomas que obligaba a comprar a nuestros padres a principios de curso y ella nos iba racionando de septiembre a junio. Es curioso de las cosas que se acuerda uno cuando se hace mayor. También recuerdo que una vez hizo que todos mis compañeros me aplaudieran por una redacción que escribí, y quizá fue ese día cuando empecé a querer contar historias.

En fin, que me desvío. El caso es que acepté la invitación, animada porque también andaba por ahí metido mi mejor amigo de entonces, que sigue siendo uno de los mejores de ahora. Me interesé por ver quién más pululaba por el grupo y me encontré con algunos nombres impronunciables (esa moda de ocultar tu nombre en RRSS pero compartir toda tu vida en general) y caras que juraría no haber visto en la vida. Los años no han pasado en balde para nadie, desde luego. Lo cierto es que me generó sentimientos encontrados verme de lleno ese viaje en el tiempo, me vino la nostalgia de golpe, me dio pena haberme hecho mayor (aunque esa es una sensación que experimento por un ratito casi todos los días).

Infancia

No es mi mejor foto -¿qué estaría diciendo?- pero me provoca tanta ternura… María era una profe muy TOP :’)

Ya queda muy lejos todo lo que pasamos juntos. Los cumpleaños en el McDonald’s recién abierto -y el calambre que daba ese tobogán-, las fiestas de fin de curso con aquella orquesta que nos descubrió ese hit verbenero inigualable que es ‘La ventanita del amor’, las obras de teatro en aquel escenario con el suelo de madera, las guerras de globos de agua cuando llegaba el verano y nos despedíamos por tres meses, los partidos de béisbol en la clase de Gimnasia. ¡Nuestros equipos de futbito! Se me había olvidado por completo que una vez formé parte de un equipo de fútbol -guardo una medalla que lo atestigua-, y lo orgulloso que mi padre me llevaba a los partidos los sábados por la mañana, y que el padre de Alberto hacía de árbitro muchas veces, lo cual explica por qué su equipo ganaba siempre (no es que fueran mejores, no). Tampoco me acordaba de cuando en el recreo jugábamos a que los chicos eran perritos y las chicas éramos sus dueñas. Algún psicólogo infantil habría tenido mucho que decir de habernos visto en aquella tesitura, supongo.

Cuando -siempre después de demasiado tiempo- me reencuentro con mi amiga Clara, junto a la que he crecido en la distancia, acabamos recordando alguna historia de nuestra niñez y nos descubrimos diciendo la misma frase: qué suerte hemos tenido, qué felices hemos sido, qué infancia tan bonita. Y es verdad. De aquellos años me guardo tres colegas que espero me acompañen hasta que sea viejita; un herbario en una carpetilla azul; los exámenes de 5º con Doña Cheli, en papel cuadriculado y cada uno escrito en un color diferente; decir las preposiciones de carrerilla; la frustración de haber visitado el parque de bomberos sin acabar de lleno en una fiesta de la espuma, como todos los niños de Valladolid, porque ese día hubo un incendio en La Cistérniga y se tuvieron que ir pitando; un incomprensible amor por los signos de puntuación y las esdrújulas; el recuerdo de aquel obrero que nos acompañó en el recreo durante meses arreglando el tejado y que se parecía a Nick Carter; algunas hojitas de cambiar y la canica que nos regaló el Gigante Patigrande. Quién tuviera siete años otra vez, ¿eh? La vida fácil, la sonrisa perenne, todo el futuro por delante…

Me pregunto qué dirían aquellos niños de quienes somos hoy. ¿Qué diría Doña Mila? Prometo que la próxima vez que me la cruce por la calle, me pararé a hablar con ella, y le diré que no he conseguido dejar de morderme las uñas -una batalla perdida-, como tantas veces intentó, pero que he logrado algunas otras buenas cosas. Y que me acuerdo de ella a menudo. Y que me voy a acordar siempre.

Anuncios

Un comentario en “Reunión de antiguos alumnos.

  1. Pues sí, tuvimos mucha suerte de tener una infancia cómo aquella, de poder compartirla, y de tener 26 años y seguir compartiendo impresiones sobre lo que ocurría por aquel entonces y también de lo que ocurre hoy mismo.

    Me gusta

¿Qué opinas?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s