Torino è casa mia.

Tal día como hoy, hace seis años, yo tenía 20, dos maletas rojas que abultaban más que yo y algo de miedo a volar -del nido y en avión-. Hasta hace seis años, jamás había pasado separada de mis padres más de 15 días seguidos, vivía a un tiro de piedra de mis mejores amigos y no sabía que en Italia no se estilan las persianas. Tal día como hoy, hace seis años, comenzaba mi Erasmus en Turín, una ciudad que meses antes apenas habría sabido ubicar en un mapa pero que guarda una de las etapas más especiales de toda mi existencia.

Turín

Hasta hace seis años, aunque entonces yo qué podía saber, nunca había experimentado lo que es echar de menos de verdad ni el insaciable y dulce cosquilleo que provoca cruzar una frontera. Hasta entonces nunca me había preocupado de llenar un frigorífico, de cocinar, de poner la lavadora, de planchar todas esas camisetas que se arrugan con mirarlas de reojo. No sabía la felicidad inmensa que provoca en tu interior volver a casa por Navidad. Nunca había montado en tranvía. Ni había preparado tortilla de patatas para ocho. Ni había compartido habitación con una decena de personas. Desconocía el sabor inigualable de un gianduiotto. No había tenido que sacarme nunca las castañas del fuego. Antes no disfrutaba cada despedida pensando en lo maravilloso que sería el próximo reencuentro. Ya ves, ahora lo pienso y me doy cuenta de que apenas había vivido. Y durante aquellos nueve meses, de repente, lo viví casi todo. He vivido mucho también después, pero creo que el punto de inflexión fue justamente aquel en que me dieron las llaves de aquel pisito en Via Reggio con vistas al río Dora.

Nuevos amigos, nuevas ciudades, nuevas ilusiones. Sé que todos los que hemos sido Erasmus decimos lo mismo, y puede que suene a tópico más que típico, pero no hay experiencia comparable. Te cambia por dentro. Y se instala en ti una sensación de nostalgia que nunca te abandona, que te acompaña allá donde vas, como el recuerdo de uno de esos sueños que, de tan intensos que son, se te antojan reales.

Yo me equivoco mucho. Constantemente. A veces creo que nunca voy a dejar de equivocarme -menos mal que ya voy aprendiendo a disfrutar de cada error-. Sin embargo, en ocasiones tengo momentos de verdadera lucidez, instantes de auténtica cordura y sensatez impropios, dirían algunos, de quien te está escribiendo estas líneas. Firmar aquel ‘Learning agreement’, que hoy guardo como si del mapa de un inabarcable tesoro se tratase, fue, sin duda, la decisión más brillante de cuantas he tomado hasta ahora. Un Erasmus marca un antes y un después, aunque se haga tan corto como un suspiro. Y es que ya lo cantaba Calamaro:

«…a veces mataría por cinco minutos más».

Turín

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2 comentarios en “Torino è casa mia.

    • Es una ciudad maravillosa, ¡qué pena que pase tan desapercibida…! Aunque así mejor: no está atestada de turistas y puedes disfrutar paseando bajo los soportales de Via Po sin que nadie te moleste 🙂

      Le gusta a 1 persona

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