Izal o el fenómeno musical sin efectos especiales

Pocas cosas en el mundo provocan el subidón incontrolable de un concierto, ese que empieza en los pies y llega hasta tu corononilla y que te obliga, sin que puedas hacer nada por evitarlo, a saltar descontroladamente. De hecho, al día siguiente te levantarás de un brinco de la cama -salvo que hayas ido a uno de Marea, Ska-P o similar, en cuyo caso estarás lleno de moratones y no podrás moverte con normalidad en tres o cuatro días-. Y, aún así, un concierto te cura todos los males. Y si pierdes la voz por el camino, lo mismo da: ya volverá, sabe dónde estás. Puede que incluso una semana después no hayas logrado sacarte del cuerpo la sensación inigualable de escuchar en directo a esa banda que a diario te acompaña en tu iPod o en tu mente, desde primera hora de la mañana hasta la última de la noche, mientras trabajas, estudias, vas al gimnasio, arriesgas tu vida al cruzar la calle con los cascos puestos y el volumen a tope, cocinas, te tomas una cerveza o te desmelenas ante el espejo sintiéndote una estrella del rock.

Exactamente eso me está pasando a mí tras el concierto de Izal el pasado sábado en el Laboratorio de las Artes de Valladolid (LAVA), para el que agotaron las entradas, como están haciendo prácticamente en cada recinto que pisan. Están imparables, y no me extraña. Tras verles triunfar en noviembre en el Intro Music Fest, las expectativas estaban por las nubes. Y las cumplieron. Las sobrepasaron. Pregunta que me hago desde hace siete días: ¿serán conscientes del directo tan brutal que tienen?

Izal

Paradójicamente, comenzaron el concierto con ‘Despedida’, la canción que abre también su segundo trabajo discográfico, ‘Agujeros de gusano’, que vio la luz en 2013. Apenas habían llegado al estribillo y ya se habían metido al público en el bolsillo. A mi lado, cuatro mujeres con los 45 -y creo que también los 50- ya cumplidos disfrutaban como pocos en la sala. Y yo pensaba -lo pienso antes, durante y tras cada concierto- que yo de mayor quiero hacer exactamente eso. Pero esa es otra historia que ya habrá tiempo de tratar. Volviendo a Izal, vinieron después ‘Hambre’, ‘Tóxica’, ‘Conclusión en Do para ukelele’ -¿he dicho ya que quiero un ukelele? aunque sea sólo por tenerlo de adorno-, ‘Magia y efectos especiales’ -canción con la que, como ellos mismos reconocen, todo este sueño que es Izal comenzó-, ‘Jenna Fischer’, ‘Prueba y error’… y, cómo no, ‘Qué bien’, una de esas canciones que tiene un no-sé-qué-que-qué-sé-yo que te hace sonreír desde el primer acorde. Hace mucho más de siete días que me pregunto: ¿serán consciente del TEMAZO que han creado? De esos capaces de marcar un verano, como el mío de 2013. De trasladarte irremediablemente cada vez que la escuchas a un mes de julio y una playa del norte. ¿Puede una canción hacer algo mejor por ti? Lo dudo.

La invocación a ‘La mujer de verde’ trajo el delirio y puso el punto y final a casi dos horas de concierto en las que el quinteto dejó claro, a punta de veinte canciones, porqué es uno de los grupos más punteros del panorama musical nacional en la actualidad: a sus letras pegadizas se suman su chispa, energía, actitud y que suenan de fábula en directo. Han traído a nuestros oídos y nuestros pies un soplo de aire fresco. Izal se ha subido al tren de esas bandas bendecidas por el maravilloso don de lograr que sus conciertos sean auténticos espectáculos de buen rollo. A ver quién se atreve a bajarlos. Yo, desde luego, estoy deseando que ese tren pase por Pucela pronto otra vez.

Anuncios

¿Qué opinas?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s