A voz en grito.

La mujer que iba a morir se llamaba Hortensia. Tenía los ojos oscuros y no hablaba nunca en voz alta. Sólo cuando la risa le llenaba la boca, se le escapaba un ‘Ay, madre mía de mi vida’ que aún no había aprendido a controlar, y lo repetía casi a gritos sujetándose el vientre. Se pasaba gran parte del día escribiendo en un cuaderno azul. Llevaba el cabello largo, anudado en una trenza que le recorría la espalda, y estaba embarazada de ocho meses. 

Ya se había acostumbrado a hablar en voz baja, con esfuerzo, pero se había acostumbrado. Y había aprendido a no hacerse preguntas, a aceptar que la derrota se cuela en lo hondo, en lo más hondo, sin pedir permiso y sin dar explicaciones. Y tenía hambre, y frío, y le dolían las rodillas, pero no podía parar de reír. 

Así comienza el libro que más me ha hecho llorar en toda mi vida. Un puñado de páginas imperdibles de nuestra literatura. Se titula ‘La voz dormida’ y su autora, Dulce Chacón, se lo dedicó «a todos los que se vieron obligados a guardar silencio». Habla de lo que vino tras la guerra que dejó a España malherida y dividida para siempre.

Benito Zambrano lo llevó al cine en 2011 en una película necesaria en la que dos colosales Inma Cuesta y María León dan vida a Hortensia y Pepa, las hermanas protagonistas, a medio camino entre la realidad y la ficción, de una de tantas historias grises de nuestra gris historia. La primera, embarazada y presa en la madrileña Cárcel de Ventas, refleja el cruel destino de miles de mujeres -de miles de personas- afines a la República tras perder la guerra. La segunda, el dolor de quienes veían caer a sus seres queridos a manos de una dictadura inhumana y que, en muchos casos, pusieron también sus vidas en peligro por mantenerlos a salvo.

Volví a ver ‘La voz dormida’ el pasado fin de semana. Y volví a emocionarme. Sentí de nuevo una tremenda admiración por Tensi y Pepi, por Paulino y Felipe -Marc Clotet y Daniel Holguín, dos maravillosos descubrimientos-, por la señora Celia, por Sole, Tomasa, Reme y Elvirita. Por todos y cada uno de los personajes, reales o inventados, que lucharon en el bando perdedor, pero no en el equivocado. Sentí también odio por otros tantos.

Ese es el logro de Dulce Chacón, que alcanzó también Zambrano en su filme: que te metas tanto en cada palabra o cada gesto que también te duelan a ti los palos, el hambre, la calentura y España. Inmensas interpretaciones coronan un guión hermoso pese a lo cruento del argumento, trabado a la perfección para que en ningún momento se le escape al espectador un mensaje: aquella maldita guerra jamás debió ocurrir. Aún hoy pagamos el precio de tanta intolerancia y tanta soberbia, de tanta ignorancia y egoísmo.  

Me emocioné, sí, y mucho, pero sonreí también, con una sonrisa entre tierna y pesarosa, cuando Paulino le preguntó a Pepi si quería ser su novia y ella respondió que sí, cuando Tensi y Felipe volvieron a mirarse en los ojos oscuros del otro, cuando el fruto de su amor llegó por fin al mundo. Pensé en todas esas niñas y todos esos niños -de uno y otro bando- que crecieron sin su madre y sin su padre porque otros no pudieron robarles aquello en que creían.

La voz dormida

Dicen algunos que el cine español se nutre de películas sobre la Guerra Civil. No es de extrañar: han pasado casi 80 años desde aquel 18 de julio y aún no lo hemos superado. De hecho, parece que cada día estamos más lejos de lograrlo, y no es porque el cine lo recuerde de cinta en cinta. Nicolás Avellaneda dijo una vez, parafraseando a Cicerón, que «un pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla», y no puedo estar más de acuerdo. Superar no debe ser sinónimo de ignorar, ni recordar ha de significar que el pasado pese más que el presente. Pero perdonar tampoco es lo mismo que olvidar

La fiebre no es más que otra forma de delirio. Delirar es soñar. Y soñar es sentirse lejos. Soñar es estar de nuevo en casa. Lejos. Huele a mandarinas. Elvira está en casa. 

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3 comentarios en “A voz en grito.

  1. Yo tampoco la he visto, ni creo que la vea, porque soy muy sensible a estas pelis y lo paso muy mal, aún tengo el trauma de cuando vi la del “Pianista” en el cole XD, el caso es que te quería dejar el comentario, que ya tocaba, y decirte que escribes muy bien, que se hace muy ameno leerte y que me gusta tu blog así que espero que tengas mucha suerte con él 😉 A ver si saco huequecillos para seguir leyéndote, Muchos besos

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